Y no queda tiempo ni lugar cuando todo fue arrasado ya. Profanado el templo y la deidad, víctimas de la ignorancia. Me hago cruces y pido piedad. Me arrodillo a tu voluntad. Yo solo soy un pobre mortal atrapado en un ego descomunal. Tú me das la vida, eres la sal de ese pan que como de verdad, alimento divino, bondad, cariño infinito, misericordia. Tus manos me sanan de la fobia. Ya no temo, no hay miedo, me concedes gloria, una nueva historia que rescribo porque te siento ahora y todo va tomando nueva forma y se va conformando todo ahora.
Apaciguas mi ansia oscura a la hora que viste la luna mi mundo con esa negrura quieta y calma entre la sombra. Tengo un hambre atroz, la carne venció.